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Consul Elias Brache

Realizó estudios de Derecho en la Universidad Nacional Pedro Henriquez Urena (UNPHU) alcanzando el título de Licenciado en Derecho Cum Laude en 1991.Posee estudios de Gobierno y Políticas Públicas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).Ha participado en numerosos cursos y seminarios internacionales en Estados Unidos, Canadá y Centroamérica, sobre negociación de conflictos y liderazgo.Se desempeñó como subsecretario de estado de Relaciones Exteriores de la República Dominicana en el periodo 2000-2002, siendo luego asesor y gerente del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL) durante los años 2002-2004.En su tiempo libre colabora con el periodico dominicano El Dia en artículos de opinión.

Viajes con Menores

Las autorizaciones para viajar con menores son realizadas por ciudadanos dominicanos residentes en el extranjero que necesiten autorizar la salida de la República Dominicana, de sus hijos menores de 18 años de edad. Las autorizaciones deben ser realizadas directamente por los padres o representantes legales de los menores.

Este documento debe ser legalizado en Cancillería y Certificado en Migración República Dominicana.

Documentos Requeridos:

Pasaporte, Cédula de Identidad y Electoral dominicana y/u otra identificación oficial como licencia de conducir o tarjeta de identidad del estado donde residen los padres. Ambos padres deben autorizar de manera conjunta o separada.
Nombre y número de pasaporte o Cédula de Identidad y Electoral de la persona que viajará con el menor de edad en la República Dominicana.
Acta de nacimiento del menor.
Fotografía 2 x 2 del menor.
Costo: US$ 90.00

AUTORIZACIÓN PARA VIAJAR CON MENORES CON AZAFATA
Sólo necesitan esta autorización los menores de edad nacidos en territorio dominicano y los extranjeros o los dominicanos residentes que tengan más de 3 meses en la República Dominicana.

Las autorizaciones para viajar con menores son realizadas por ciudadanos dominicanos residentes en el extranjero que necesiten autorizar la salida de la República Dominicana, de sus hijos menores de 18 años de edad. Las autorizaciones deben ser realizadas directamente por los padres o representantes legales de los menores.

Este documento debe ser legalizado en Cancillería y Certificado en Migración República Dominicana.

Documentos Requeridos:

Pasaporte, Cédula de Identidad y Electoral dominicana y/u otra identificación oficial como licencia de conducir o tarjeta de identidad del estado donde residen los padres.
Nombre y número de pasaporte o Cédula de Identidad y Electoral de la persona que llevará al menor al aeropuerto y lo entregará a la azafata.
Nombre de la línea aérea.
Acta de nacimiento del menor.
Fotografía 2 x 2 del menor.
Costo: US$90.00

AUTORIZACIÓN GESTIÓN DE DOCUMENTOS PARA MENORES
Con el objetivo de facilitar la gestión de pasaportes en territorio dominicano, las oficinas consulares dominicanas en el exterior facilitan a los padres y tutores legales este proceso. Cuando se trate de una autorización para retirar pasaportes de menores es suficiente con que firme uno de los padres

Este documento debe ser legalizado en la Cancillería de República Dominicana.

Documentos Requeridos:

Pasaporte o Cédula de Identidad y Electoral del (los) AUTORIZANTES.
Acta de Nacimiento de o los menores;
Pasaporte o Cédula de Identidad y Electoral del Apoderado que lo representará en la República Dominicana.
Ciudad donde se solicitará el Pasaporte.

Carta de Ruta

Es un pasaporte provisional que expide el Consulado Dominicano en casos excepcionales, es decir, que su documento esta expirado o perdido, y requiere salir de emergencia hacia República Dominicana.

Requisitos

  • Pasaporte
  • Acta de Nacimiento
  • Cédula

Para carta de ruta a menores se requiere la asistencia del padre y la madre. Si falta uno de ellos, se debe presentar una carta manuscrita del padre o madre faltante; traer el pasaporte del menor, acta de nacimiento y las cedulas del padre y la madre.

Se entrega el mismo día de la solicitud.

Cambiemos de verdad – PincelDigital..do

Por Onofre Salvador

El proceso de construcción de un país institucionalizado, necesita el aporte de todos sus habitantes. Se entiende que es un proceso largo, matizado por altas y bajas, pero que no debe detenerse, si es que aspiramos a algo superior, donde exista un poco de equilibrio en el disfrute de los derechos individuales y colectivos.

Un simple ejercicio, bastaría para entender que estamos bastante atrás, sobre todo si nos comparamos con otras naciones, mismas que no se puede decir, tienen mejores condiciones que esta pequeña y fértil tierra, en la que se puede producir de manera favorable, colocándonos en paridad o muy cerca de otros.

Es entendible, que se han hecho y hacen grandes esfuerzos en el sentido de cambiar muchas cosas, pero a mi simple modo de ver o analizar, los antagonismos sociales, políticos, hasta empresariales, y de otra naturaleza, apañados por diversos intereses, no necesariamente santos, tienden a involucionar, aspectos con trayectoria positiva.

Si miramos unas décadas hacia atrás, estaríamos de acuerdo en que se han producido algunos avances en el plano institucional, mínimamente capitalizado, sin embargo, a estas alturas, pudiéramos estar muchos escalones más arriba, tal vez reclamando la mejoría de cosas completamente diferentes a las que nos molestan sensiblemente en estos días.

Es evidente, que estamos poseídos por una desagradable cultura reactiva, la que, lejos de ayudarnos, nos arrebata la posibilidad preventiva, esa que debe apoyarse en pensadas planificaciones, que nos quiten el estigma de actuar de manera reiterada a partir de los actos y sus consecuencias, no lo de atacar en la raíz con sentido sano, todo aquello que los provoca.

Ilustrando con simples ejemplos, ya tenemos unos cuantos casos de muertes violentas de ciudadanos, no justificadas ni debidamente aclaradas en el ámbito policial, lo que nos dice que por ahí andamos mal, sin que con esto se pretenda establecer que es obra exclusiva del presente, lo que refuerza los bajos niveles institucionales, culpa que debe ser compartida por todos los que han gobernado desde que nos zafamos de los oprobiosos regímenes de fuerza.

Tal vez se trata de un accionar exclusivo en nuestra querida tierra, eso de que cada administración gubernamental, se descuida de las cosas buenas que vienen de otras, lo que estropea la imprescindible continuidad estatal, dejando procesos a media o, si fuere el caso, desnaturalizando los mismos, impidiendo así el cumplido de los objetivos trazados.

Pienso y creo, aunque tenga la similitud de las utopías, que se torna urgente la unidad de criterio entre las fuerzas políticas, los sectores sociales, empresariales y demás, al menos en aquellas cosas que permitan al país tomar un sano y productivo proceso institucional, si es que no queremos seguir en el odioso círculo vicioso, donde solo se visualiza el desgarrador e injustificable atraso.

Ojalá cambiemos de verdad, es urgente, de lo contrario estaría de manera frecuente sobre nosotros, el pesado fardo de la falta de institucionalidad, propiciadora desde arriba hasta abajo, de los peores absurdos.



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